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El placer de ayudar sin esperar algo a cambio

Vie, 20/01/2017
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Desde hace aproximadamente cinco años, en Jalisco se incrementó considerablemente el tránsito de migrantes que buscan llegar a Estados Unidos, razón por la que Guadalajara se convirtió en un punto de descanso para los viajeros que provienen de Centroamérica y Sudamérica.

Ante esta situación, en nuestra ciudad se formaron asociaciones como FM4 Paso Libre, la cual se ha fortalecido debido a la voluntad de jóvenes como Rodrigo García González, de 24 años, quien en los martes y jueves, sus días libres, apoya con las labores para atender a este Centro de Atención al Migrante, ubicado en la colonia Arcos Vallarta.

“Barrer, limpiar los baños, revisar el proceso de los migrantes de cuando entran, una base de datos que tenemos con otra base de datos con otras casas de migrantes, platicamos qué es lo que necesitan: ropa, comida, y luego les entregamos lo que necesitan. Hacemos desde entrevistas, revisión de cosas, limpiamos, cargamos, cocinamos: todo lo que se preste para que la casa siga en pie”, son algunas de sus actividades.

Estudiante de odontología en la Universidad Autónoma de Guadalajara, a Rodrigo también le gusta tomar fotografías y escalar muros, aunque su prioridad es asistir al albergue, del cual es voluntario desde hace un año cuatro meses.

“La historia de cómo llegué aquí es un poquito chistocilla, siempre he tenido el gusto de ayudar a las personas, pero nunca me había contactado con alguna organización, siempre lo hacía como por mi parte. Una amiga de mi novia siempre nos hablaba de FM4, y nunca le prestamos atención, hasta que un día fuimos a una plática de la organización, y ahí nos expusieron lo que es la migración, los problemas que los migrantes enfrentan, y ese mismo día me inscribí como voluntario”, recordó.

Rodrigo asegura que antes de convertirse en voluntario, era una persona bastante tímida, ya que en sus primeras pláticas tenía pánico escénico. Por esta razón, considera que el saber tratar con la gente es una de las enseñanzas que le ha dejado esta labor. Pero el principal aprendizaje es la gratitud que puede generarse con una ayuda tan básica.

“He aprendido a cocinar para hasta 60 u 80 migrantes. Hay veces que no vienen aquí con la intención de quedarse, muy pocos vienen con la intención de buscar papeles o un asilo político; nosotros les otorgamos cuatro días y tres noche, ya cuando tienen que salirse, sí es como perder a un amigo. El agradecimiento de las personas por algo tan simple se siente muy bonito, porque les damos una ayuda muy básica: poquito de techo, agua, comida y ropa”, dijo.

Aunque todavía le quedan dos años de carrera, ya tiene planes a futuro. Además de conocer otros albergues del país, Rodrigo, quien es vecino de la colonia Jocotán, quiere apoyar a los migrantes con los aprendizajes de su profesión: “me he dado cuenta que llegan aquí muchas personas con problemas odontológicos, entonces, si alguna vez llego a tener un consultorio propio, quiero dar el servicio, prestarlo para que ellos lleguen, o buscar la posibilidad de prestar esos servicios en una clínica, porque es un servicio que no se puede dar aquí, necesitan un lugar esterilizado, limpio”.

Personas que sin buscar un beneficio a cambio, dedican su tiempo y ajustan su rutina diario hacen grande a Guadalajara. Mantener un albergue no es fácil y es posible gracias a la voluntad de gente como Rodrigo, quien tiene un mensaje para quienes han querido realizar acciones altruistas, pero por alguna razón no se animan:

“Si cualquier persona tiene la espinita de ayudar, la mejor opción es acercarse a cualquier tipo de organización que se le acomode por sus gustos o tiempo, pero el primer paso es hacerlo. Al principio da miedo, te enfrentas a muchos pasos que tienes que modificar de tu persona, pero el primer paso es hacerlo, porque de ahí en adelante lo que viene es pura satisfacción y gozo”.

Conoce más historias de tapatíos ejemplares aquí: http://portal.guadalajara.gob.mx/noticia/el-larry-un-luchador-de-tiempo-completo